Julian no tiene ni la menor idea de cómo es que ha terminado en las oficinas principales de Hill Group y mucho menos cómo es que ha terminado sentado en el chistoso sofá que parece un malvavisco por lo ridículamente esponjoso que es y por su color pastel, esperando ser atendido.
Ha sido como si sus piernas hubiesen tenido mente propia y lo hubieran traído hasta allí en contra de su voluntad. Eso lo enfada y mucho, por ello, por dentro riñe contra sí mismo.
La asistente de Giorgia, una mujer