—Ahora vuelvo —murmura Julian y escapa al baño, sospechando que ella también necesita un momento para sí misma.
Se encarga de limpiarse, se abrocha los vaqueros y se lava las manos. No se atreve a mirarse al espejo, porque no está seguro de querer enfrentarse al imbécil que le mirará fijamente, recordándole el maldito problema en que se ha metido hasta el cuello. Se ha follado a Giorgia de las formas en que se prometió follarla y con las que supuso que tendría suficiente como para no pensar en