La ciudad brillaba con luces intermitentes mientras el coche deslizaba su silueta por las avenidas nocturnas, las farolas lanzaban destellos dorados sobre el parabrisas. Afuera, la vida seguía su curso indiferente, pero dentro del coche, todo estaba en pausa.
El silencio entre ellos era complicado, pero no incómodo. Luciano mantenía las manos firmes en el volante y de vez en cuando lanzaba miradas fugaces a Gabriele, necesitaba asegurarse de que realmente estaba ahí, sentado a su lado después de