Don Nicolás fijó su mirada oscura en Adair. Parecía enojado. Adair le devolvió la mirada un poco confuso.
Con voz ronca, habló - Sigamos - Nicolás se marchó. Dejando atrás a Adair con la mente en blanco. Le costaba asimilar el comportamiento cambiante del viejo; puesto que, por un momento estaba contento y al otro enojado.
“¿Qué le pasa ahora?”, se preguntó. No había hecho nada malo en absoluto; de tal manera que no comprendía lo sucedido. Adair siguió sus pasos; mientras escuchaba el suspiró q