Al día siguiente, me despierto al escuchar a Lucas cantando desde el pasillo, antes de que empuje la puerta.
—¡Despierta, despierta, manos fuera de la serpiente! —nos llama.
Gimo, de repente sin ganas de levantarme.
—Vamos, Calabaza, hora de ir a la escuela —grita Lucas, y tomo mi almohada lanzándosela. Él se agacha y la almohada golpea la pared.
Ryden se da la vuelta y se levanta de la cama, y alzo una ceja hacia Lucas cuando sus ojos recorren el cuerpo musculoso de Ryden.
—Oye, deja de mirar