ELARA
Tessa, en su mayor parte, es en realidad amable conmigo y, sorprendentemente, incluso me defendió contra un imbécil que me hizo tropezar a propósito en la clase de inglés. Aunque los murmullos no cesan. Hago lo mejor que puedo para ignorarlos, intentando no prestar atención a las miradas abiertas sobre el incidente de la ducha.
Para la hora del almuerzo, ya he tenido suficiente y quiero irme a casa. Camino hacia la oficina, buscando a Lucas para suplicarle que me deje ir. No lo encuentro