Ramona le echaba un vistazo a los portaretratos de la mesa de Anastasia, que lo jalaba de la mano de aquella mujer.
- Maciel no me dejaría jamás a ver barcos Ramona.
- ¡No fue exactamente lo que me dijeron, que solo está aquí porque la primera dama lo permitió!
- ¿Has venido a darme la bienvenida?
- Qué mal humor, amiga.
Ella se fue sentando y cruzando las piernas.
- Pillé a Elizabeth al teléfono en una conversación acalorada con un tal comisario, ¿sabes quién puede ser?
- ¿Comisario? ¿Antunes?