Maciel golpeó a su hijo en la cara, Kayo tocó su propia cara que aún ardía.
- ¡Volvió a casa dispuesto a acabar con mi vida!
- Regresé porque esa perra me lo pidió.
- Le pidió que se ocupara de la invalidez de Carolina. - Maciel gritó.
– La culpa fue de Elizabeth, sí, lejos estaba tratando de aceptar el hecho de que ella estaba en brazos del señor. Sara estaba haciendo mi vida miserable y yo estaba tratando de usar la distancia para conformarme, pero me llamó diciendo que estaban de vuelta en l