Capítulo 24.- Alguien en quien confiar.
Sentado en el borde de la cama la observo dormir y no puedo negar que parece un ángel. De solo imaginar despertar junto a ella todos los días, compartir un delicioso desayuno, bañarnos juntos y miles de cosas más mi corazón se llena de una felicidad infinita.
Niego con un leve movimiento de cabeza porque todo esto es una absoluta locura, entre ella y yo no puede haber nada más que solo sexo si ella así lo desea. Nuevamente me encuentro en esa situación en donde la mujer de la cual me fijo es totalmente prohibida, pero con la diferencia de que ella no tiene ningún vínculo con mi hijo.
No sé cuánto tiempo llevo admirando a la mujer que yace profundamente dormida sobre mi cama, pero de lo que sí estoy seguro es que debe ser de noche. Me pongo de pie para ir directo hasta el baño y darme una rápida ducha. Al salir lo hago ya vestido con mi pijama y por un instante pienso si me voy a dormir a la otra habitación o me acuesto a un lado a una distancia prudencial.
Pienso por un breve momen