Epílogo: Final feliz, como siempre debió ser.
Anás
La llegada de María a la mansión fue tanto esperada como escandalosa, su abuela por poco la asfixia de tanto abrazarla, su rostro blanco y limpio terminó rojizo a causa del labial de la señora Simmons.
No se despegó de ella hasta que anocheció, y eso que también intentó arroparla como una niña pequeña, cosa que no sucedió pero porque nosotros lo impedimos ya que queríamos conversar a solas con ella y verificar que lo dicho en el hospital sigue en pie.
Pancho también se alegró de verla, s