—Señor —interrumpió Yusuf con una precisión calculada. En su fuero interno, el secretario sabía que su jefe estaba a un paso de cometer un error táctico derivado de la pasión, y su lealtad le obligaba a ser el ancla que Aras Köksal necesitaba para no perder el rumbo.
Aras lo miró, visiblemente tenso. —¿Qué sucede, Yusuf?
—Necesitamos su firma para el despacho del cargamento, y hay un grupo de inversionistas que busca reunirse con usted de inmediato.
La mención de los negocios pareció traer