ARAS KÖKSAL
El aire en la suite del hotel Imperial parecía viciado por las medias verdades que había respirado en las oficinas de los Von Seidl. Me desabotoné el cuello de la camisa y caminé hacia el ventanal, mirando las luces de la Ringstraße. Mi mente, que suele ser una cuadrícula de logística y números, no dejaba de repetir la imagen de Melani Fernández.
Yusuf entró poco después de las ocho. Traía una carpeta, pero su rostro no tenía la eficiencia habitual; mostraba esa sombra de quie