EL SEGUNDO VIEJO VI
Jesús de Montiel, volvió a dejarse caer pesadamente en el orejero desgastado que tanto le acogía su cuerpo cansado, como le expulsaba de su cómodo respaldo para realizar sus tareas cotidianas que cada vez le costaba más llevar a cabo. Sus huesos crujían bajo su peso, y las articulaciones le avisaban de que pronto seria un viejo inútil al que habría de cuidarse. Eso era lo que más temía él, y a lo que no estaba dispuesto. El cuidaba de los demás no podía ser un estorbo en su