CAPITULO XXII
EL REFUGIO DE LOS MARGINADOS
Desde la ventana de la habitación de Jean Pierre se divisaba la mayor parte de la finca que se extendía a lo lejos tanto como la vista llegaba a ver. Pensaba en si la casa perduraría en el tiempo, y si después de él alguien se detendría a conducir aquella obra de gigantescas proporciones, para llevarla de generación en generación, o si por el contrario se diluiría como un azucarillo en un café y quedaría abandonada para ser vendida posteriormente a qu