CAPITULO XXI
EL ALMA PERDIDA
En la tierra que le vio nacer a Ramón di Marinia, Marisa Ordea se lazaba sobre su silla de ruedas, con las fuerzas que da el odio a la madre, del que según ella, era el responsable de su terrible desgracia, y anhelaba que su vanidad se restaurase, que no otra cosa, de la que no era capaz de sentir. Su carácter irascible y dominante, contaminaba el ambiente que se enrarecía al llegar ella a la sala de rehabilitación. Su gesto de desprecio por todo aquel que no estuvi