D E C I M O | C U A R T O .
Decimocuarto.
Siempre que entraba a aquel lugar quedaba prendada por la belleza del castillo, esta vez no pudo disfrutar con plenitud la belleza que abundaba en los pasillos.
Se sentía como un preso caminando rumbo a la horca, el peso de todo oprimiéndole el pecho, creía que no podría ver el rostro del Alfa sin sentir culpa por lo que le ocultaba. Dos personas totalmente diferentes le habían advertido hoy que no estaba tomando el mejor de los caminos.
Quizás era una señal del destino.
—Sabe