De repente, uno de los hombres de Fabio disparó , apuntando a la pierna de Lorenzo. El impacto fue certero; Lorenzo soltó un grito de dolor y cayó al suelo, soltando a Guisselle en el proceso. Ella rodó hacia un costado, jadeando a través de la mordaza que le impedía hablar, su mirada llena de terror mientras intentaba liberarse de las ataduras.
Fabio corrió hacia ellos, con el corazón en la garganta. No le importaba nada más en ese momento que sacarla de ahí. Los disparos resonaban alrededor,