Catalina cerró la puerta del coche de un golpe, descargando en ella todas sus frustraciones no dichas antes de marchar hacia la mansión, sin molestarse en dedicarle a Alejandro una sola mirada.
Por supuesto, todo aquello era solo un acuerdo, y ella tenía su propio papel que desempeñar—sus beneficios también—pero ¿era eso razón suficiente para que los Montoya la trataran como basura?
¿Y qué si no pertenecía a su clase?
Y Javier… ¿realmente tenía que estar allí?
Todo lo que quería en ese momento e