MARISOL
Abuelo cargó una de mis bolsas él mismo, la pequeña con mis cuadernos de bocetos. Solo la recogió sin decir nada y yo tampoco dije nada.
Abuela me tomó de la mano en el coche, mientras contaba farolas durante todo el trayecto, y llegué a cuarenta y siete antes de que nos detuviéramos justo frente a la mansión.
Era más grande de lo que recordaba de las cenas, o quizás solo se sentía más grande por la idea de tener mis bolsas en ella.
Nos sentamos en la sala de estar, todos, y los adultos