CATALINA
Paloma fue la última persona que esperaba encontrarme. Sí, había crecido en la riqueza, pero nunca mencionó tener algún interés en la política, el poder o los imperios familiares.
—Te he extrañado —dijo, acercándose a nosotros.
—Hola —logré murmurar y, recordando cómo habían sucedido las cosas, añadí—: ha pasado un tiempo.
—Oooouuu… tienes una cita —sonrió, apenas notando a Alejandro—. ¡No puede ser! ¿Alejandro Montoya?
Mi rostro se calentó de vergüenza y, por un instante, deseé que el