CATALINA
El camino de regreso a casa fue silencioso, pero cargado de tantas palabras no dichas. Alejandro no dijo nada para contradecir lo que la anciana había dicho sobre los Montoya, y yo no insistí más.
Ella sabía exactamente lo que estaba diciendo, y era bastante obvio.
—Siempre tienen problemas con mi familia —dijo en voz baja, apretando los puños contra el volante.
Suspiré, mirando por la ventana.
—¿Estaba mintiendo?
Apartó la mirada de la carretera, y sentí sus ojos sobre mí.
—¿Tú qué cr