CATALINA
Una vez más, estaba sentada frente al tocador, con las tres estilistas que solían aparecer para convertirme en una diosa.
Mientras movían sus dedos con suma precisión, no pude evitar preguntarme cómo sería la noche, solo con la matriarca y el patriarca Montoya y quizá algunos miembros de la familia, pero no rostros demasiado familiares.
—Mucho, tal vez —murmuré y respiré hondo.
—¿Se encuentra bien, señora? —preguntó una de las artistas, y asentí, observando lo intencional que era con c