28.
JAVIER
Estaba sentado en mi cama, trabajando en algunos documentos y al mismo tiempo navegando por la web para encontrar la pareja perfecta que dejaría boquiabierto al abuelo, cuando un suave golpe sonó en mi puerta.
—Adelante —murmuré—. La puerta no está cerrada.
¿Estaba esperando a alguien?
No.
¿Sabía quién estaba en la puerta?
No.
Pero tenía una idea, ¿verdad?
Sí.
Podía ser alguna de las criadas o Paloma. Dijo que vendría.
El pomo de la puerta giró y mis ojos se abrieron de par en par al ver a quien estaba de pie frente a mí, tan distinguida y elegante como siempre.
—¿Madre? —exclamé, incapaz de ocultar la sorpresa en mi voz o en mis ojos.
—Hijo —sonrió, adentrándose más en mi habitación—. ¿Cómo estás?
Vale, esto es súper raro.
—Estoy bien. No tenía idea de que ibas a venir —dije, dejando mi portátil y los documentos en los que estaba trabajando—. Pensé que estabas ocupada planeando ese viaje a Las Bahamas.
Ella asintió.
—Ni siquiera me ofrecerías un asiento.
—Lo siento, señora