—Come tranquila— Paul le habló al oído suavemente, haciendo que la piel de la mujer se erizara rápidamente.
Luna no hizo ningún movimiento, el aire caliente de la voz de Paul la volvió loca, aun así, ella no quiso comer, no era feliz en ese lugar, todos eran muy extraños, además de que todas las miradas estaban sobre ella.
—No te preocupes, no tengo hambre— ella lo miró de una mirada dulce.
Luna no había desayunado y muchos menos había querido comer, ella recordó las palabras de Alana, y sie