PUNTO DE VISTA DE EMILIO
La vi marcharse; sus tacones resonaban con fuerza, su vestido brillaba como un millón de diamantes robados, rozándole los muslos. Su barbilla se inclinaba desafiante.
Y eso no hizo más que avivar el fuego que rugía en mis venas.
Bajó las escaleras, y todos los ojos se volvieron hacia ella en cuanto se mezcló entre la multitud. Apreté la mandíbula y rechiné los dientes. Quería sacarles los ojos a algunos y dárselos de comer a sus dueños.
O mejor aún, destrozar a eso