PUNTO DE VISTA DE EMILIO
Cristian Montez estaba sentado allí como una rata empapada, con el sudor empapando su costosa camisa. Podía oír sus engranajes —si es que tenía alguno— haciendo tictac, como un generador barato a punto de fallar.
Lo dejé pensar, tamborileando con los dedos sobre la mesa. Podría ser divertido ver qué se le ocurría.
Tic. Tac. Tic. Tac.
Sus ojos se abrieron con lo que claramente pensaba que era una revelación. Mis dedos se detuvieron sobre la mesa y levanté una ceja.