El CEO la giró con firmeza suave y quedó frente a ella, arrinconándola sin brusquedad entre su cuerpo y la pared.
Los ojos azules y penetrantes de ese hombre, bajaron de sus ojos, hacia su boca, hacia esos labios rojizos y carnosos de Margot, y nuevamente, volvió la mirada hacia los ojos verdes de ella.
Margot sintió que su corazón latía aceleradamente como si quisiera escaparse de su pecho.
—Bastien… —repitió ella, pero sonó más como un aviso sin fuerza que como una orden, y entonces…