LYNETTE
Brentt me mira como si me hubiesen salido dos cabezas, ajusta mi equipo de salto, y es que él puede ser frío, pero en estos momentos me parece la persona más amable de la vida. El cuerpo me tiembla, es como si de pronto, fuera una enorme masa pesada cayendo sobre mi. La azafata sigue llorando y me enfoco en ella, todo está pasando en segundos.
—¿Por qué llora? —pregunto sabiendo que no obtendré respuesta.
—Vamos —dice Brentt.
De pronto, me doy cuenta de que el padre de mis hijos no m