Leticia apretó los labios y su mirada se volvió sombría. Ah, ¿cómo era posible que no hubiera gente que no quisiera a sus hijos y más cuando los habían llevado dentro? Se llevó la mano a su propio vientre.
—Sabes, el día que volviste de la misión y estabas en celo, anudaste dentro de mí. Tras irme y analizar un poco las cosas con la mente más fría, pensé que había alguna pequeña posibilidad de que yo... —se detuvo para tomar una larga respiración—. De que yo estuviera esperando un cachorro, per