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Rayan no supo cuándo fue que dejaron de llorar. Ahora se sentía ligero, satisfecho, y mucho menos frustrado que antes. Incluso su alfa interior había dejado de luchar, como si su instinto comprendiera que no ganaría esta pelea.

Leticia en sus brazos estaba tranquila, abrazando también su cuerpo, consolándose contra él. Solo que temblaba. Y como no hacerlo, si estaba desnuda y un poco húmeda. En su estado actual se enfermaría.

— Leti — comenzó a enderezarse usando el apodo con el que tanto adora
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