Leticia terminó de recoger las cosas que le faltaban para el viaje, no eran muchas, no tenía intenciones de hacer de aquello unas vacaciones. Más bien, revisaba de un lugar a otro en un intento de no pensar en nada, de tener su cabeza en blanco. Darle vuelta a un asunto solo la pondría peor de lo que ya estaba y sabía que por mucho que hubiera cerrado su corazón… sus barreras ya no eran tan fuertes como antes.
Solo el sonido del toque en su puerta hizo que volviera a la realidad. Con el rostro serio se acercó a esta y no tuvo que ir muy lejos para saber quién estaba detrás.
—Buen momento —dijo abriéndola, sorprendiendo al delta que estaba del otro lado, que tenía una ceja alzada.
—Aún despierta, cachorra linda —sonrió… de forma extraña.
Leticia no le respondió, más bien, estiró la mano.
—Dame tu celular, necesito hablar un segundo con mi prima, ya que mi querido padre me rompió el que tenía —dijo con un tono tan serio que el ceño de Elam se frunció.
El delta inclinó la cabeza.
—¿Pasó