— ¡Mal…di…ta! ¡Me…gol…peas..te! — dijo Benjamín con voz entrecortada.
— ¡Te dije que no me ibas a tocar más!— gritó ella— ¡Y no te atrevas a acercarte, porque te juro que te mato, maldito!
Benjamín se levantó con dificultad y la vió de pie, con la blusa hecha jirones, enarbolando un arma en contra de él.
Decidió quedarse tranquilo, «ya le pediría a la chica que le quitara él cuchillo y le ajustaría las cuentas a ésta igualada de Emma»; pensó.
Los días se hicieron eternos para Christopher, e