Sabía que debía ser educada si no quería pasar parte de mi vida en la cárcel, aunque todavía no entendía el porque, asi que decidi no ofender a los Wilson, y escucharles sus cláusulas con algo de calma e intentar hacerles entender que yo no era esa clase de mujer con las que suponía solían tratar esa familia
— ¿Seguimos entonces querida esposa? — me pregunto Adrian sin separar sus labios ni un centímetro de los míos
— Está bien, sigamos con esta locura – les respondí algo más tranquila
— Cuando