Al día siguiente cuando entró Marco en la habitación, nos saludamos mientras se iba acercando a la cama donde yo estaba acostada. Me escucho los latidos de mi corazón, me tomo la tensión, poniendo después su cara demasiado cerca de mi cara, para ver mis pupilas, quedándonos los dos mirándonos fijamente, viendo como él acercaba despacio sus labios a mis labios, mordiendome uno por el deseo de volver a saborear sus dulces y suaves labios.
— Deseo besarte, pero sé que no puedo, perteneces a otro