—Antes de nada —dijo Tony, acomodándose en la silla frente al escritorio de ella—, vas a tener que contarme qué le dijiste a mi mujer cuando fuiste a visitarla a New Belmont.
Isabella frunció ligeramente el ceño y su mente viajó a aquella tarde tensa y pasada por agua que había pasado hablando con la mujer. —¿Lucy? ¿No te contó lo que dije?
Tony negó con la cabeza y una sonrisa suave e increíblemente agradecida le rozó los labios. —No exactamente. No me dio detalles, pero me dijo que las dos ha