Se sentía indudablemente bien estar de vuelta en casa.
Isabella se estiró a lo largo del amplio colchón de su propia cama, dejando escapar un suspiro largo y reconfortante mientras absorbía el aroma familiar y acogedor de su habitación. Delmar había sido un torbellino. En lo profesional, un triunfo absoluto: había conseguido el contrato millonario que buscaba. En lo personal, una clase magistral de placer; los días habían estado llenos de diversión, indulgencia y una cantidad embriagadora de se