El chisme no hacía más que mejorar... ¿o empeoraba? Olivia no lo tenía del todo claro. Se quedó congelada, con una galleta Oreo a medio mojar flotando de manera precaria sobre su tazón mientras miraba fijamente a Isabella. —¿Quieres decir que conozco al tío? —preguntó.
Isabella negó con la cabeza, trazando el borde de la isla de mármol con los dedos. —No estoy segura de si lo conoces personalmente —respondió, bajando la voz a un susurro precavido—. Pero sé a ciencia cierta que conoces a su padr