Isabella se obligó a volver a su sitio en la mesa, horriblemente consciente de lo acalorada y sofocada que se sentía y, sin duda, que parecía. Si ese teléfono no hubiera sonado en la habitación contigua... Sintió náuseas en el estómago mientras escuchaba a Derek soltar su monólogo durante los siguientes cinco minutos. Alexander también estaba muy callado y, con el tiempo, quedó claro que no se iba a lograr nada de gran valor.
Lanzándoles a cada uno una mirada exasperada, Derek volvió a meter su