Él le levantó la cabeza, la succión le hizo contraer los testículos, y ella lo miró con lujuria y entrega, diciéndole que tomara las riendas, que condujera…
“Joder, cariño.”
La empujó hacia abajo, marcando su ritmo, su profundidad. La cabina se llenó con el sonido de sus nalgas chocando. Adentro y afuera.
Adentro y afuera. Envolvió su cabello alrededor de su puño, mientras con la otra mano se aferraba al borde del asiento, perdiendo por completo la noción de dónde estaban, de quiénes eran. Ahor