—Sí. —Echándose la trenza sobre el hombro, puso algo más de espacio entre ellos—. ¿Por qué no te me unes en mi despacho en unos minutos y te lo enseño?
Alexander se pasó una mano por el pelo, retirándose los rizos de la cara, y ella estuvo a punto de perder los papeles, a punto de estirar el brazo para repetir exactamente su mismo gesto. Apretó los puños a los costados. Él se dio cuenta y se habría reído si no estuviera esforzándose tanto por parecer normal. Sus celos por Malcolm habían provoca