SU PUNTO DE VISTA
Pasaron días. Semanas también.
Los saqueadores nos pusieron a prueba unas cuantas veces, colándose de noche como sombras que se creían listas. Insensatos. Cada vez los cortamos de raíz, rápido y limpio, dejando al resto dispersarse de vuelta a las colinas con una advertencia grabada en sangre y humo. Después de eso, la aldea durmió más tranquila. ¿Y los saqueadores? Aprendieron a no volver.
La vida encontró su ritmo. Patrulla. Guardia. Entrenamiento. Comer. Dormir. Repetir.
La