SU PUNTO DE VISTA
Si la comida nos había humillado, la danza casi nos destruyó.
Sus caderas rodaban, chasqueaban, se balanceaban al compás de los tambores. Cinturas girando, pies golpeando el suelo, telas arremolinándose. No era solo danza, era seducción, celebración y desafío todo en uno. El escuadrón guardó silencio por primera vez en todo el día, con las mandíbulas flojas y los ojos abiertos de par en par.
Y Amara también bailó.
No al frente, no intentando liderar. Pero cuando sus caderas se