SU PUNTO DE VISTA
Su voz cortó el aire como un filo bien afilado, segura, como si ya supiera que yo obedecería incluso antes de que yo mismo lo decidiera.
—Sígueme —dijo.
Me llevó más profundo, por un pasillo estrecho tallado en la piedra, con antorchas ardiendo bajas a lo largo de las paredes. Mis botas resonaban detrás de las suyas, cada paso latiendo con anticipación pura.
Luego se detuvo.
La habitación a la que me trajo no era solo una habitación. Era un espacio diseñado para el miedo, cons