Antes de que ella pudiera responder, la boca de Rico reclamó sus senos otra vez con una intensidad feroz. Esta vez no había nada suave en sus acciones. Succionó su pezón con fuerza brutal, arrancando un grito ahogado de la garganta de Sara mientras sus dientes raspaban con delicadeza sobre la punta sensible e hinchada. Su otra mano anclaba la cadera de ella contra la pared resbaladiza de azulejos, impidiéndole que se deslizara mientras su boca pasaba de un seno al otro, devorándolos como un hom