(Punto de vista de Henry)
Las mujeres me exprimieron hasta secarme.
Una montó mi polla sin piedad, sus caderas moliendo hacia abajo hasta que mis muslos temblaron.
Otra molió su concha en mi cara, ahogándome con su calor resbaladizo, sus gritos ahogándose contra mi lengua mientras la lamía como un hombre hambriento.
Manos me jalaban, uñas arañaban mi pecho, dientes mordían mis pezones hasta que estaban hinchados, tiernos, palpitando con cada respiración.
Lenguas batallaron por cada gota, cada c