PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
El mundo se había reducido al espacio reducido de un sofá, al peso delicioso de ella sobre su regazo, al aroma embriagador de su piel cálida y al sonido de su respiración rápida y entrecortada contra su cuello. “Acepto”, había dicho Leo, y con esas dos simples palabras se había entregado no solo a un juego, sino completamente a ella.
Un cambio profundo brilló en los ojos de Maya al escuchar su aceptación. La oficial severa y autoritaria seguía allí presente, pe