CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 38. La vida de Kristoff Dragonov
Kris no tenía que gritar esta vez, no tenía que vociferar, no tenía que hacer un escándalo mayúsculo porque tampoco estaba buscando que nadie supiera las palabras que estaba intercambiando con Álida.
—¿Qué tan estúpida tienes que ser como para creerte importante? —se rio Kris con sarcasmo, haciendo que la expresión de la mujer se endureciera.
—Yo soy... —intentó decir con altanería, pero una bofetada del señor de la casa la envió al suelo en medio de jadeos ahogados.
—¡Tú no eres nadie! ¡Tú ere