A Edward se le encogió el estómago. No podía pedirle nada a Rossi, pero la idea de que hubiese compartido cama con otro hombre no le agradó mucho. Deseó preguntárselo, pero la puerta de la cafetería se abrió y entró una pareja de mediana edad. El hombre se acercó a la barra y la mujer saludo a Rossi con mucho afecto . . .
–Buenos días Rossi, cómo estas, acabo de ver al niño pendientes de los cachorros, yo me ya elegí uno el niño, aún no se decide.
Ambas sonrieron y se despidieron. Edward se c