Edward recordaba las indicaciones del doctor le había ordenado pasar unas horas al día sentado al sol para que no sufriera alguna carencia vitamínica, pero habría preferido estar en casa que en la terraza y jugar con los niños.
Y en casa, con Rossi desnuda entre sus brazos mientras le daba placer una y otra vez.
Se sentía insaciable por su esposa, por la mujer a la que apenas si había tocado antes del accidente.
Frunció el ceño. No lograba entender por qué había hecho algoasí. Y eso le preoc