—¿Por qué haces esto?
—Irene, ¡espera!
Diego, tras decir esto, tomó su teléfono y se marchó. Si lo hubiera dicho otra persona, podría haber sido solo una amenaza. Pero Irene sabía que Diego no se detendría ahí; sin duda, investigaría el asunto.
Lo más urgente era contactar a Julio. Sin tiempo para pensar en otra cosa, Irene marcó directamente su número. Julio contestó y le preguntó:
—¿Qué pasa? ¿Me extrañas?
Siempre hablaba así, con un tono bromista. Irene le preguntó:
—¿Te acuerdas de que me ll